Biografía
Hay un año que marca el comienzo de todo: 1982. Italia ganaba el Mundial en España, Paolo Rossi se convertía en leyenda y yo, en mi habitación ya repleta de esquís, raquetas de tenis, balones y botas de montaña —porque quedarse quieto nunca fue una opción—, abría la caja de un Commodore 64. Mientras el país lo celebraba con desfiles de coches pintados con la tricolor, yo descubría el BASIC. Debo decir que ambas cosas me entusiasmaban por igual.
A partir de ahí, el camino siguió una lógica casi inevitable. En el Instituto Lorenzo Cobianchi obtuve el Diploma en Electrotecnia, seguido de una especialización post-diploma como Diseñador de Sistemas de Microprocesadores y Redes Locales de Telecomunicaciones, un título tan largo que por sí solo ocupaba la mitad del certificado. En los laboratorios aprendí Pascal, Fortran y luego C, y me di cuenta de que esto no era una fase pasajera: era el hilo conductor de todo lo que vendría después.
Y lo que vino después tomó rumbos que no había previsto. Programador en C++ y Clipper, asistencia técnica para marcas conocidas de audio y vídeo y luego, giro inesperado: la industria de la confitería. Ahora bien, si mi apellido es Ferrero, acabar trabajando en el mundo de los dulces tiene todo el aire de un destino escrito. No soy pariente de la famosa marca, que quede claro, pero eso no impidió que colegas, conocidos e incluso algún cliente me acompañaran durante años con bromas que, lo admito, aprendí a anticipar antes de que abrieran la boca. "¿Entonces, nos traes los Rocher?". Cada. Maldita. Vez.
Bromas aparte, aquella etapa fue mi verdadero gimnasio. Alejada de la informática solo en apariencia, me enseñó el trabajo en equipo, la cultura de la seguridad y la responsabilidad a escala industrial. Y al final me devolvió a mi mundo, a través de la gestión informática de almacenes. Mientras tanto, mi cerebro, impertérrito, continuaba actualizándose en PHP, Python, diseño gráfico y vídeo, como si tuviera miedo de aburrirse.
Hay un capítulo que me toca especialmente de cerca: el de formador. A partir de 2006 comencé con la preparación para los cursos de la Acreditación Europea de Manejo de Ordenador (ECDL), pero esa fue solo la primera etapa. Con el tiempo la actividad se amplió: cursos sobre diversos temas de TI para agencias de formación y particulares, siempre con la misma convicción de fondo: que la tecnología debe estar al servicio de las personas y no al revés. De esa larga experiencia nació también un libro, "Patente Europea per il Computer: Strategie Pratiche ed Esercizi per Superare Facilmente l'Esame ECDL", publicado por Bruno Editore: un intento de hacer accesible lo que con demasiada frecuencia se esconde tras un lenguaje innecesariamente difícil. Hasta el último año, en el que la formación se desplazó naturalmente hacia la Inteligencia Artificial, que mientras tanto se había convertido en mi principal campo de estudio.
El Verbano-Cusio-Ossola, mi territorio, es otro hilo que recorre todo este camino. Siempre he tenido por estas montañas, estos lagos y esta comunidad un apego visceral, el tipo de amor que no se explica bien a quien no lo tiene, pero que reconoces enseguida en quien lo comparte. Cuando tuve las herramientas para hacerlo, era casi obvio que las pusiera también a su servicio. Primero con un portal dedicado al senderismo local, luego, desde 2012, co-fundando verbanianotizie.it, que hoy cuenta con más de dos millones de visitantes. Y en paralelo, en silencio, una veintena de sitios web creados gratuitamente para asociaciones locales: deportivas, para ancianos, para niños, para mujeres en dificultad. No lo cuento por presumir, sino porque es parte de quien soy, y porque creo que la tecnología, cuando se encuentra con una comunidad real, puede hacer cosas que ningún algoritmo sabe medir del todo.
Luego, cerrada la larga etapa en la multinacional, llegó la Inteligencia Artificial. No por seguir una moda —y en este campo las modas corren rápido—, sino por una necesidad intelectual genuina. En los últimos dos años he estudiado esta tecnología intentando ir más allá del ruido de fondo y del marketing agresivo que con demasiada frecuencia la envenena con promesas poco realistas. Sentí la necesidad de contar la verdadera IA: la que está hecha de sesgos, de cuestiones éticas, de potencialidades reales pero también de límites precisos y concretos. Primero nació la guía "Una guía práctica para el uso de la inteligencia artificial", escrita junto a mi amigo de siempre Matteo Baccan. Luego, casi por fuerza de gravedad, aitalk.it: no un proyecto con un plan de negocio, sino un diario de a bordo. Un lugar donde filtrar el ruido y ofrecer un poco de claridad a quienes realmente quieren entender, sin dejarse deslumbrar por los focos.
Los análisis publicados aquí han encontrado, con placer y cierta sorpresa, la atención de algunas publicaciones del sector: desde Codemotion hasta Tech360, pasando por Mokabyte.
"La vida es lo que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes", lo decía John Lennon, y tenía razón entonces como ahora. El futuro no se deja planificar, y honestamente esta es la parte que encuentro más interesante. No sé qué trayectoria tomará este camino, pero tengo una sincera curiosidad por descubrirlo. Si has encontrado algo aquí que te ha hecho pensar, que te ha encendido una pregunta o incluso que te ha hecho arquear una ceja, escríbeme. Podríamos descubrir que un trozo de esa trayectoria, por un tramo, coincide.
Bienvenido a aitalk.it: aquí no intentamos vender el futuro. Intentamos desmontarlo, pieza por pieza.