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Entrevista a Fulvio Julita sobre el Manifiesto Ético de la escritura con IA

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Descubrí el Manifiesto hace una semana, por casualidad, navegando por las redes sociales. Me pareció la oportunidad perfecta para poner a prueba el método que he construido en los últimos años y que explico en la página sobre el método editorial de AITalk. La comparación fue doble. Primero a mano, leyendo los diez principios junto a mi práctica diaria. Después con una Skill, una pequeña herramienta personal que construí para cruzar mi metodología y algunos de mis trabajos con el texto del Manifiesto, porque quería entender si había sido indulgente conmigo mismo.

El resultado: estaba sustancialmente alineado, sin conocer el proyecto, y en algunos puntos era más riguroso de lo que comunicaba. Hay que decir con honestidad que es un examen sobre mí mismo, por lo que debe tomarse con la cautela propia de cualquier autoevaluación. Me sirvió, no obstante, para precisar dos cuestiones: cuándo la IA genera contenido sustancial y cuándo ofrece una asistencia marginal, y cómo declaro la verificación humana de las fuentes. De ahí la decisión de hablar directamente con uno de los promotores, para entender si un Manifiesto puede convertirse en una práctica y no solo en una declaración.

Diez principios, no un decálogo

El Manifiesto ético de la escritura con inteligencia artificial es una iniciativa italiana nacida de un comité promotor compuesto por once profesionales de la escritura, entre ellos Fulvio Julita. Propone diez principios para utilizar la IA con transparencia, esmero y responsabilidad, abordando fuentes, hechos, tono, privacidad, sesgos, accesibilidad y autenticidad, hasta llegar al juicio humano y a la firma. La frase de apertura lo dice casi todo: la IA puede acompañar la escritura, mientras que la responsabilidad, el juicio y la firma siguen siendo de quien escribe.

No se trata, por tanto, de un manual técnico, sino del intento de consolidar una cultura de la escritura asistida, en la que firmar significa revisar, verificar y responder. Y no nace en el vacío, porque el debate internacional sobre autoría, declaración de uso e integridad de los textos ya está muy vivo.

El mundo debate

El Manifiesto italiano no es un caso aislado. En Estados Unidos, el Authors Guild amplió en marzo de 2026 la certificación Human Authored a todos los autores de libros publicados en el país. El texto debe estar escrito por seres humanos, con tolerancia para correctores ortográficos y usos como investigación, lluvia de ideas e índices, y el autor firma una licencia tras una verificación de identidad. En la edición científica, el COPE excluye que una herramienta de IA pueda figurar como autora, porque no puede responsabilizarse del trabajo, y exige indicar qué herramienta se ha utilizado y cómo. El ICMJE (Comité Internacional de Editores de Revistas Médicas) añade que el resultado debe revisarse porque puede ser erróneo, incompleto o sesgado, y que ocultar su uso puede constituir, en ciertos casos, una conducta inapropiada.

El punto en común es la centralidad del autor humano, con transparencia y trazabilidad. Sigue abierta la tensión entre declarar el uso y documentar el proceso: herramienta, función, alcance y control humano.

Declarar no basta

Muchas directrices piden declarar el uso de la IA, pero pocas precisan cuánto detalle se requiere. Un estudio en AI & Society, realizado con 602 participantes, indica que para juzgar a un autor cuenta sobre todo el grado de asistencia recibida, más que quién la proporcione. A igualdad de ayuda, sin embargo, el asistente humano se percibe como más merecedor de autoría y responsabilidad, y la declaración se considera más necesaria cuando la ayuda es humana. Los autores concluyen que conviene documentar cuánto ha hecho realmente la IA, además de señalar que estuvo presente.

Para quien lee información, la pregunta no es "¿habéis usado la IA?", sino "¿cómo habéis garantizado que lo que leo sea verificable y responsable?". Con esta pregunta en mente comencé por el principio: cómo nació el proyecto.

Habla Julita

¿Cómo y de qué necesidad concreta nació el Manifiesto ético de la escritura con inteligencia artificial? Entre los problemas que percibisteis (fiabilidad de la información, opacidad en el uso de la IA, homogeneización de la escritura, pérdida de competencias, falta de responsabilidad de quienes publican), ¿cuál funcionó como detonante inicial y cuáles resultaron igualmente urgentes durante vuestro debate?

El Manifiesto nació de la necesidad de ofrecer una referencia a quienes eligen escribir con inteligencia artificial y quieren hacerlo con conciencia y responsabilidad. Lo hablaba con Alessandra Perotti, editora y entrenadora de escritura: en el debate veíamos mucho entusiasmo y mucho rechazo, pero poco espacio para reflexionar sobre cómo usar estas herramientas manteniendo el propio juicio y la propia voz.\ Mi experiencia, también en la formación, me mostraba que la IA podía estimular el pensamiento y ayudar a escribir mejor. Al mismo tiempo, veía el riesgo de confundir un texto bien redactado con un texto fiable, o de aceptar una respuesta sin preguntarse si expresaba realmente lo que se quería decir. El punto de partida era este: ¿cómo aprovechar las posibilidades de la IA sin delegarle las decisiones de quien escribe?\ Junto a un comité de once profesionales de la escritura debatimos esta necesidad e identificamos diez principios de valor. La fiabilidad de la información, la transparencia, la protección de datos y la atención a los sesgos son aspectos diversos de una responsabilidad que sigue siendo humana: quien firma debe poder responder de lo que publica.

¿Por qué elegisteis la forma de un Manifiesto, es decir, una declaración de principios, en lugar de una guía práctica, un código deontológico o una certificación? ¿Qué implica, en la práctica, adherirse al proyecto: un compromiso cultural, un criterio profesional, una política para organizaciones u otra cosa?

Elegimos la forma de un Manifiesto porque queríamos poner el foco en los valores que orientan el trabajo de quien escribe con la IA. Las herramientas cambian rápidamente; la necesidad de verificar la información, proteger a las personas y asumir la responsabilidad de lo que se publica permanece. Una declaración de principios puede ofrecer una referencia común a personas que escriben en contextos diferentes y usan herramientas distintas.\ Durante el debate en el comité surgió también la necesidad de pautas prácticas. Es una necesidad que compartimos: nuestra intención es acompañar el Manifiesto con un protocolo operativo que ayude a traducir los principios en el trabajo diario.\ Adherirse significa reconocerse en esos valores y comprometerse a llevarlos a la propia forma de escribir. Es un compromiso cultural con consecuencias concretas: afecta a las fuentes que elegimos, a las comprobaciones que hacemos y al respeto por quienes leen y por las personas sobre las que escribimos. El Manifiesto puede ofrecer una referencia también a profesionales u organizaciones que quieran definir sus prácticas. Sin embargo, la adhesión no certifica la calidad de sus textos: esa responsabilidad debe ejercerse cada vez que se firma y se publica.

Uno de los puntos clave del Manifiesto es el juicio humano: la IA puede producir un borrador, pero no puede asumir responsabilidades. ¿Cómo distinguís, en el trabajo real, una revisión auténtica de la simple aprobación de un texto generado? ¿Qué controles mínimos deberían ser no negociables antes de la publicación: fuentes, citas, cifras, atribuciones, tono, posibles sesgos?

La diferencia se nota cuando interrogáis al texto, en lugar de limitaros a releerlo. Para cada pasaje me pregunto: ¿es esto lo que pretendo sostener? ¿En qué se basa? ¿Hay afirmaciones que no sabría explicar o justificar? Un texto puede sonar muy bien y no superar estas preguntas. La revisión incluye también la disposición a descartar una respuesta bien redactada cuando lleva en la dirección equivocada.\ En cuanto a los controles, empiezo por las fuentes: las abro, verifico que realmente respalden la afirmación a la que están asociadas y evalúo su autoridad respecto al tema. La mera presencia de un enlace no es una garantía. Las citas, las cifras y las atribuciones requieren el mismo trabajo: compruebo las palabras en su contexto, la procedencia de los datos y la exactitud de las referencias. El modelo puede inventar incluso un título, un autor y un año de apariencia perfectamente plausible.\ Luego considero cómo hablará el texto a quien lee: ¿el tono es adecuado? ¿Hay generalizaciones o estereotipos? ¿Han quedado datos personales o confidenciales que no deban publicarse? La protección de esos datos, sin embargo, empieza antes: cuando decido qué información puedo entregar a la herramienta.

La IA puede hacer la escritura más accesible, pero también puede reforzar la dependencia de plataformas propietarias, los estereotipos lingüísticos y las desigualdades de competencias. ¿Cómo abordáis en el Manifiesto este doble efecto? Y, dado que sois formador: ¿cuál es el error pedagógico más común que veis en la enseñanza de la IA aplicada a la escritura, entre estudiantes, profesionales y empresas?

La IA puede ayudar a expresarse, a organizar el pensamiento y a hacer un texto más comprensible. Esto puede ampliar la oportunidad de participar en la escritura, pero tener acceso a una herramienta no significa automáticamente saber usarla bien. El Manifiesto ofrece una orientación para ejercitar esa posibilidad con conciencia; las desigualdades de acceso y la dependencia de las plataformas requieren también respuestas que van más allá de una declaración de principios.\ El error que veo más a menudo en la formación es enseñar las funciones y proporcionar prompts listos para copiar sin explicar la lógica de la interacción. Una instrucción funciona por razones precisas: aclara el objetivo, el lector, el contexto y las limitaciones del trabajo. Si comprendo esas razones, puedo construir mis propias peticiones, adaptarlas y entender cuándo una respuesta no es adecuada. Si solo aprendo una fórmula, corro el riesgo de depender de esa fórmula.\ Lo mismo se aplica a los estereotipos: no basta con enseñar a obtener un texto fluido. Hace falta entrenar para reconocer qué puntos de vista privilegia, qué experiencias deja fuera y qué formas de expresarse trata como normales. Para mí, una buena formación debe aumentar la autonomía de la persona: hacerla más capaz de elegir, incluso cuando elegir significa prescindir de la IA.

¿Cuál es la objeción más seria que habéis recibido al Manifiesto, por ejemplo de quienes consideran la ética una responsabilidad individual o de quienes temen obligaciones de transparencia demasiado rígidas, y cómo respondéis? ¿Hay alguna objeción que os haya hecho cambiar algo en el Manifiesto o en la forma de presentarlo?

Una de las objeciones se refiere a la elección misma de usar la IA en la escritura, lo que para algunas personas reduce el valor del trabajo del autor. El Manifiesto no invita a todo el mundo a usarla: ofrece una referencia a quienes eligen hacerlo y quieren mantener la conciencia y la responsabilidad.\ Otra cuestión, planteada por varias personas, fue: ¿habéis usado la IA para escribir el Manifiesto? Alguien intentó incluso medir su contribución analizando el texto. No habíamos previsto esta necesidad de aclaración durante la redacción. Nos llevó a integrar la comunicación del sitio web con una declaración presente en todas las páginas y un artículo que relata el proceso.\ La IA tuvo un papel significativo sobre todo en el análisis del debate entre los miembros del comitato. Trabajando sobre las transcripciones de las reuniones, nos ayudó a recuperar observaciones que habían surgido pero que, en el curso de la discusión, habíamos perdido de vista. Volver sobre esos pasajes nos permitió reconsiderar algunos términos y precisar ciertos conceptos en la reelaboración del texto.\ Por eso, una evaluación basada solo en el texto final cuenta únicamente una parte de la historia: no refleja el trabajo anterior ni las elecciones realizadas tras cada propuesta. Las preguntas recibidas nos hicieron comprender que este recorrido debía hacerse visible. Así pues, trabajamos en la forma de presentar el Manifiesto, explicando dónde había intervenido la IA y cómo habíamos debatido y evaluado su contribución.

Un manifiesto envejece. ¿Imagináis una segunda versión o un paso a herramientas más operativas como guías, listas de verificación o itinerarios de certificación? ¿Qué debería cambiar, en el Manifiesto o en el contexto, para que siga siendo actual?

Un manifiesto no debe cambiar al mismo ritmo que las herramientas. Elegimos principios precisamente para que pudieran perdurar, pero el Manifiesto no está escrito en piedra. Si la experiencia hace emerger una cuestión que habíamos pasado por alto o la necesidad de formular mejor un principio, podremos volver a debatirlo en el comité.\ El paso que imaginamos hoy es el protocolo operativo ya mencionado. Podría ayudarnos también a entender dónde encuentra dificultades la aplicación de los principios. En la intención del comité, deberá nacer del diálogo con quienes escriben y de los problemas que encuentran: es ahí donde podemos verificar si el Manifiesto sigue ofreciendo una orientación útil. manifesto1.jpg

Firmar es elegir

El Manifiesto no es un punto de llegada, sino una invitación a hacer explícitos criterios que muchos profesionales ya aplican de forma informal. Mi autoevaluación inicial lo confirma: estaba alineado, y me impulsó a comunicar mejor dos aspectos de mi método. En el debate internacional la dirección parece clara, porque la transparencia, la responsabilidad humana y la trazabilidad son ya criterios de calidad y no simples etiquetas.

La pregunta no es si usar o no la IA, sino cómo firmamos lo que publicamos: con qué controles, qué fuentes y qué responsabilidad. Quienes deseen leer los principios o adherirse encontrarán todo en manifestoetico.it.